Thálatta! Thálatta!

mare Graecorum.

Principiemos por una cita:
καὶ ἀφικνοῦνται ἐπὶ τὸ ὄρος τῇ πέμπτῃ ἡμέρᾳ: ὄνομα δὲ τῷ ὄρει ἦν Θήχης. ἐπεὶ δὲ οἱ πρῶτοι ἐγένοντο ἐπὶ τοῦ ὄρους καὶ κατεῖδον τὴν θάλατταν, κραυγὴ πολλὴ ἐγένετο. ἀκούσας δὲ ὁ Ξενοφῶν καὶ οἱ ὀπισθοφύλακες ᾠήθησαν ἔμπροσθεν ἄλλους ἐπιτίθεσθαι πολεμίους: εἵποντο γὰρ ὄπισθεν ἐκ τῆς καιομένης χώρας, καὶ αὐτῶν οἱ ὀπισθοφύλακες ἀπέκτεινάν τέ τινας καὶ ἐζώγρησαν ἐνέδραν ποιησάμενοι (…). ἐπειδὴ δὲ βοὴ πλείων τε ἐγίγνετο καὶ ἐγγύτερον καὶ οἱ ἀεὶ ἐπιόντες ἔθεον δρόμῳ ἐπὶ τοὺς ἀεὶ βοῶντας καὶ πολλῷ μείζων ἐγίγνετο ἡ βοὴ ὅσῳ δὴ πλείους ἐγίγνοντο, ἐδόκει δὴ μεῖζόν τι εἶναι τῷ Ξενοφῶντι, καὶ ἀναβὰς ἐφ᾽ ἵππον καὶ Λύκιον καὶ τοὺς ἱππέας ἀναλαβὼν παρεβοήθει: καὶ τάχα δὴ ἀκούουσι βοώντων τῶν στρατιωτῶν θάλαττα θάλαττα καὶ παρεγγυώντων.

[El quinto día llegaron a la montaña llamada Teque. Cuando la vanguardia llegó a la cima y vio el mar, oyose un gran ruido. Al oírlo, Jenofonte y la retaguardia pensaron que más adelante había otros enemigos. Hombres, en efecto, del país que habían quemado los griegos, habían estado siguiéndolos, de los cuales la retaguardia había eliminado y capturado a algunos en una emboscada (…) Cuando un grito se oyó más fuerte y más cerca, los hombres corrieron en esa dirección. El ruido aumentó a medida que más hombres se reunían allí. Jenofonte creyó que algo grande ocurría, montó su caballo, convocó a Licio y la caballería y acudió para ayudar. Pronto oyeron los soldados gritando “¡El mar! ¡El mar!”, y regando la noticia (Xen. An. 4.7.21-4; texto griego de Perseus, en línea)]

La ruta jenofontina. Fuente: Wikipedia.

La ruta jenofontina. Fuente: Wikipedia.

Tal es la manera en que Jenofonte y sus diez mil finalizan el agitado periplo asiático: viendo el mar que les anuncia la cercania de la patria.

mare nostrum.

“¡El mar! ¡El mar!”, frase mínima que ha hecho camino (sin los misterios del nosce te ipsum, digamos), tanto que ha ameritado estudios monográficos*. De seguro, para el mundo angloparlante el ejemplo más a la mano es el del autor del Ulyses pone en los primeros tramos de su obra:
—God! he said quietly. Isn’t the sea what Algy calls it: a grey sweet mother? The snotgreen sea. The scrotumtightening sea. Epi oinopa ponton. Ah, Dedalus, the Greeks! I must teach you. You must read them in the original. Thalatta! Thalatta! She is our great sweet mother. Come and look.
Para la cultura alemana el paralelo sería Heine (Meergruß I)
Thalatta! Thalatta!
Sei mir gegrüßt, du ewiges Meer!
Sei mir gegrüßt zehntausendmal,
Aus jauchzendem Herzen,
Wie einst dich begrüßten
Zehntausend Griechenherzen,
Unglückbekämpfende, heimatverlangende,
Weltberühmte Griechenherzen.
Entre los nuestros, cabe citar al sorpresivo León de Greiff (Poemilla de Bogislao etc., IV):
Yo soy el sueño Polidoro, el gaviero, el grumete, el
/ vigía, el capitán, el piloto
de mi nao! Yo soy el sueño Palinuro, el siervo de
/ Thalassa, y el Doria comodoro!
Cerramos con una referencia más cercana, así espacial como temporalmente.
¡Thálassa, thálassa!, dijo el profesor Richard Talbert cuando vimos la laguna de Guatavita tras una caminata escarpada de unos veinte minutos. Cualquier estudiante del mundo antiguo hubiera entendido de inmediato su broma: “¡El mar, el mar!” (θάλασσα o θάλαττα en griego) exclamaron los 10 000 mercenarios helenos bajo el mando del ateniense Jenofonte cuando, en el año 399 a. C., tras una marcha de más de un año desde el interior del Imperio persa, vieron al fin el Mar Negro que los llevaría a casa**.
El mar como la gran madre, como signo de la patria para los mediterráneos, o simplemente el enlace con tradiciones milenarias, era el tema de este artículo.

*Rood, Tim. The Sea! The Sea! The Shout of the Ten Thousand in the Modern Imagination.   London:  Duckworth, 2004.

** Lea el contexto de la anécdota: ¿Queremos mejorar la educación pública? Enseñemos Latín y Griego

*** Dialectalmente, notamos que Heine y Joyce son juiciosamente áticos, De Greiff y Talbert cambian tt por ss, como en los demás dialectos griegos y en griego moderno.

 

Una respuesta a “Thálatta! Thálatta!

  1. Cuando Otto de Greiff llegó a Buenaventura en las mismas circunstancias y vio por primera vez el Pacífico me puso un telegrama: «Thalassa. Vital Aza». Este último era un escritor humorista español en boga en aquella época. El conocimiento del mar era para nosotros como entrar en una vida nueva. El presidente Suárez llegó a la primera magistratura sin haber conocido el mar. Al año hizo su primera visita a Cartagena, se desnudó, se puso un traje de baño y bajó a la playa. Se metió al mar, y cuando tenía el agua ya hasta las rodillas, llegó la ola, lo golpeó y le llegó la salpicadura casi hasta el cuello. Se salió discretamente, la huella del pie fue quedando en la arena, pero el agua la borró casi en seguida, no quedando para la historia. Con todo, la república entera se conmovió con este primer baño marítimo de su presidente. Muchos otros antes, como el señor Caro, murieron sin haber visto el mar.
    http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/america/el-mar

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