José Francisco Socarrás recuerda a Bogotá y al Rosario

Un valduparense en la Bogotá de 1922, donde se podía tomar leche al pie de la vaca, sin dejar de escandalizarse por la desnudez de La Rebeca. Silva aún estaba proscrito en el Cementerio de los Suicidas y los jesuitas tenían equipo de fútbol en La Merced. La salud estaba en Marly, Los Alisos y La Misericordia, pues el San Juan de Dios y el San José estaban para inaugurarse. Cuatro cinematógrafos, un par de bailaderos y dos cervecerías constituían todo el entretenimiento de lo que era todavía un pueblo grande. Las mujeres de vida alegre o «nocheras» atendían la clientela en la Jiménez, a pocas calles del Rosario. En fin, menudean los detalles de una ciudad de bañarse con totuma, donde al primer edificio de cinco pisos se le llamó «morada del altísimo».

 

Datos todos muy interesantes. Sin embargo, llama más la atención el recuerdo escolar de un provinciano en los últimos tiempos de la rectoría de monseñor Carrasquilla. Quedan, pues, conversando con el Dr. Socarrás (Revista del Rosario n.542 abr.-jun. 1988: 125-36).

 

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