Caldas jurista

En el bicentenario del martirio de Francisco José de Caldas, ofrecemos un vistazo a una de sus facetas poco conocidas: el estudiante de Jurisprudencia. A partir de amargos desahogos epistolares, y usando los libros del Archivo, damos alguna idea de cuáles autores se estudiaban en su época.
Dice Caldas, en su primera carta a Mutis (Popayán y agosto 5 de 1801): «(…) me pusieron a Vinio en las manos; pero yo no había nacido para jurisconsulto. A pesar de los castigos, reconvenciones y ejemplos, yo no pude tomar gusto a las leyes ni a Justiniano, y perdí los tres años más preciosos de mi vida».
Principiemos por Arnoldo Vinnio, el comentarista de Justiniano. Abundantes las ediciones, manoseadas durante siglos casi hasta su destrucción.
Comentario

Comentario académico y forense, revisado y anotado por Heinecio (Johann Gottlieb Heinecke). Nótese que es un ejemplar expurgado.

 

Ya se habló aquí del Corpus iuris civilis, por lo cual añadimos apenas otro ejemplar:
vin3

Los comentarios son de Acursio (Accorso di Bagnolo; c. 1182-1263); los escolios, de Dionisio Godofredo (Denis Godefroy, 1549 – 1622); notas, etc., de Jacobo Cuyacio (Jacques Cujas, 1522 – 1590); y otras arandelas que apenas caben en la portada.

Un juicioso biógrafo* aduce otros testimonios, en el mismo sentido: «Yo no trato sino de estudios amenos y compatibles con mi genio que mira con horror a los Vinios, Digestos y Murillos, a pesar del aprecio que hago de un buen jurisconsulto» (20-11-1800).
Murillo

Opus sane utile utile iuris studiosis (obra muy útil a los estudiosos del derecho). Pedro Murillo Velarde (1696-1753). Destaca de su biografía lo de catedrático en Manila.

«¡Qué dolor para mí verlos tantos años ocupados en leer mamotrejos de litigantes y sepultados en Martínez, Febreros etc.!» (20-7-1801). Posiblemente, el Martínez de la referencia es este:
Martínez

Fénix de la jurisprudencia hispánica, por Tomás Martínez Galindo. Según el Diccionario, fénix es «persona o cosa exquisita o única en su especie».

 

Caldas letrado.

Parece, pues, que Caldas fue jurista a pesar suyo, como lo demuestran sus conceptos retrospectivos. Díaz Piedrahíta pone las cosas en contexto, más o menos así: para un joven de la época, las opciones profesionales eran el sacerdocio, la milicia y la jurisprudencia. dado su indudable talento, las dos primeras quedaban descartadas.
Otro dato de la vida rosarista de Caldas llama la atención: coincidió aquí con Mutis (1790-1), pero no hay huella de que se trataran ni de que hubiese ido a oír sus lecciones, tampoco de que se interesara por la Expedición Botánica. Cerca estuvo, empero, de sus parientes Camilo Torres y Tomás Tenorio. Completó, pues, sus cursos en el Rosario; volvió a Popayán a cumplir con el requisito de las prácticas e, incluso, ocupó la cátedra. Caldas fue, entonces, jurista «con todas las de la ley». Renán Silva** sugiere que la carrera jurídica de Caldas se interrumpió por motivos de salud.
Lejos estaba de ser científico: en carta de 1795 confiesa que ignoraba «los sistemas de Linneo y Tournefort; apenas sé distinguir las partes de una planta».

 

*Díaz, S. Nueva aproximación a Francisco José de Caldas. Episodios de su vida y de su actividad científica. Bogotá: Academia Colombiana de Historia, 1997.

**Silva, R. Los ilustrados de Nueva Granada, 1760-1808: genealogía de una comunidad de interpretación. Medellín: Banco de la República – Eafit, 2002.

 

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