Virgilio, poeta del campo

El trabajo en las bibliotecas antiguas ofrece sorpresas, que se convierten en verdaderos oasis que alivian el cansancio por tantos manuales, tantos códigos y tantos comentarios a los comentarios… El buen libro (buen autor, buena obra, buena impresión, buena encuadernación), quizás perdido y olvidado entre muchos otros, despierta agradecido, con todo su potencia vital, cuando se le dedica un poco de tiempo, de calma y de amor. Y esto no es aplicable exclusivamente a los ejemplares más antiguos y venerables. También entre los libros de fechas más recientes, que ni siquiera califican técnicamente para el rango de “antiguos”, surgen ejemplares valiosos, que no solo enriquecen el catálogo de los tesoros institucionales, sino que cumplen su vocación de transportarnos a otros horizontes, o de iluminar las realidades actuales, humanizando la rutina diaria. Es lo que queremos compartir hoy con los lectores.
Al proseguir el trabajo de reseña de la Biblioteca que se guarda en el Archivo Histórico de la Universidad del Rosario, apareció una edición bilingüe (latín-francés) de las Geórgicas de Virgilio, de 1910:
VIRGILE. Les Géorgiques
Traduction nouvelle avec le texte en regard par Henri Lantoine
Paris. Librairie Hachette et Cie. Imprimerie Nationale. 1910
(n.º topográfico antiguo: Estante 39 n° 161).

 

El traductor: Henri Lantoine

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Poco se sabe de Lantoine; ni siquiera en la red hay muchas menciones de su obra o bibliografía.

 

Dice la Introducción que estamos ante una obra póstuma y que su autor, Henri Lantoine, “no tenía, en sus últimos años, un pasatiempo más querido que el de regresar a sus autores preferidos, y en particular a Virgilio, para saborear sus palabras fuertes y armoniosas” y que, a tal propósito, se valía de un ejercicio: traducirlo. Este trabajo se considera como “su testamento literario”.
La hermosa presentación del libro, notoria desde la primera ojeada, hace pensar que se trata de una edición especial. No demora en ratificarlo la Introducción, donde se nos dice que este libro “es un homenaje a su memoria y un testimonio de su consagración y dedicación a las letras antiguas”. Allí se cuentan detalles entrañables, que empiezan a dar vida al libro: Lantoine acababa de traducir las Geórgicas cuando lo sorprendió la muerte. Su hermana, conocedora también de los clásicos y capaz de valorar el trabajo de Henri-Eugène, rescató los originales y se ocupó de su divulgación y edición, solicitando a importantes académicos –colegas del difunto, como Alfred Croiset y Ernest Lavisse– las notas biográficas de su hermano. De ellas, se resumen los siguientes datos.
Nacido en Guise el 12 de julio de 1845, a los once años es enviado por su padre a París. Esta figura paterna es importante en su vida, porque le marcará unos derroteros muy claros: preocupado por los temas del espíritu, se propuso buscar para sus hijos un alto nivel cultural (pág. XV). Entra al Internado Jauffret y frecuenta las clases en el Liceo Carlomagno. Posteriormente (1865) pasa a la Escuela Normal; allí es alumno de Lachelier, a quien admira como filósofo y como helenista. Ya graduado, es nombrado Profesor Agregado de Retórica en Saint-Étienne y en Nevers. Pasa de allí a la Escuela Normal, aprovechando su biblioteca, donde se dedica a profundizar sus estudios y a terminar sus tesis, que termina a fines de 1874.
La tesis latina tenía por tema la polémica de Cicerón con los aticistas: “el latinista y el humanista que siempre fue por inclinación, se ponen de manifiesto aquí con gran decoro” (pág. X)[1]. Su otra tesis en francés era: Histoire de l’enseignement secondaire en France au XVIIe & au début du XVIIIe siècle (pág. XI). Con el doctorado, se le abren las puertas de la educación superior. Comienza en Clermont-Ferrand (1875) como catedrático de Literatura francesa. Después, será catedrático de Literatura antigua en Besançon.
La muerte prematura de su esposa, que acaba de darle una niña, le hacen solicitar el regreso a París. Es nombrado como suplente en el Liceo Enrique IV y luego en el Liceo Condorcet. De allí pasa como conferenciante de latín (1879-82) a la Facultad de París, donde transcurrirá toda su carrera. En 1882 es nombrado Secretario de la Facultad de Letras de la Sorbona, cargo que ocupará hasta su retiro. Una vez más, se repite la historia del humanista urgido por las circunstancias a desempeñarse en el mundo administrativo. Mientras permaneció ahí colaboró con M. Benoist en una edición crítica del Quinto Libro de Lucrecio (pág. XII) y escribe un Epitome historiae Graecae.
El trabajo en la Facultad de Letras de la Sorbona es agobiador. La Universidad vive un momento de reformas y expansión, en el que creció inmensamente el número de profesores y de alumnos. Además, muere su hija por aquellos días: “bajo apariencias valientes de serenidad continua e incluso de humor, podía adivinarse que padecía una herida profunda y sin remedio” (pág. XIII). Sus colegas cuentan cómo Virgilio le servía de alivio y desahogo de su dolor (pág. XIV). Pero no resiste más y solicita el retiro (1906). Muere en Villers-sur-Mer, el 18 de septiembre de 1908.

 

La edición

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Dando un vistazo rápido en la red, no encontramos otro ejemplar de Hachette con marca similar. Antes bien, no suelen traer ninguna en esa época.

Encuadernación rígida de lujo: cartón forrado en piel de color verde. Lomo con nervaduras y repujados sobre costuras; letras en dorado. Tapas con línea repujada en los bordes. Cantos interiores, con cenefa decorativa en dorado, de gran calidad. Guardas semejantes al papel de agua fino. Hojas de cortesía (2). Anteportada. Hoja de papel especial, con fotografía (heliografía) de Henri Lantoine. Papel protector. Portada impresa en rojo y negro. Curiosa marca tipográfica de la editorial Hachette. Texto muy bien impreso, con tipos grandes y claros, en una sola columna, enfrentado el texto latino (izquierda) con la correspondiente traducción francesa. Papel semisatinado. Corte superior, con dorado. Cinta para señalar la lectura.
Esta impecable edición no es ajena a la entidad que lo imprimió: nada menos que la Imprimerie Nationale (Imprenta Nacional): imprenta oficial del Estado francés y continuación de aquella célebre Imprenta Real que fundó el Cardenal Richelieu (1640: Luis XIII), bajo la dirección de Sebastián Cramoisy (1640-1660). Se caracterizó desde un principio por la calidad de sus tipos de imprenta.

La obra

Die Georgica des Vergil, III. Buch, Szene, Schäfer bei ihren Herden.

El pastor y su rebaño, escena de Virgilio, libro III. Biblioteca Apostólica Vaticana, s. V.

Así sea someramente, daremos una indicación del sitio de las Geórgicas en la obra del Mantuano. Virgilio es un poeta. Y un poeta genial. Por encima de cualquier otra circunstancia, su condición de persona culta y de poeta constituye el núcleo esencial de este libro. Las Geórgicas son una obra de transición entre las Bucólicas y la Eneida. En la primera, hay todo un plegarse a la moda –el modelo griego– y a unos patrones estéticos que aún están distantes de la exaltación épica de Roma que estallará en la Eneida. Las Geórgicas, que en parte son coetáneas con las Eneida ya muestran el nuevo matiz.
Como nota muy acertadamente M. A. Caro:
“A un tiempo su genio poético, su inclinación por el campo y sus estudios de ciencias naturales conducíanle de la mano a componer un poema didáctico, como el que dedicó a Mecenas. (…) Tan cordialmente se asociaban y así se confundían en él su amor al campo y a las artes agrícolas, y su vocación poética, que nunca se percibe en su poema el fastidio del autor que por tratar su asunto en toda su extensión abraza prosaicos y desagradables pormenores”[2].
Hay en las Geórgicas un aspecto didáctico evidente. Pero hay, también, un elogio innegable al estamento olvidado y menospreciado de los agricultores. Y, con ello, un reclamo a las autoridades romanas; reivindicación que se apoya no en ficciones literarias sino en una cruda realidad, que el poeta hace propia:
“Desde los siglos de la prehistoria, en las campiñas, lejos de las ciudades, fuera de la historia, millones de hombres han inventado, poco a poco, y repetido de generación en generación, las gestas y las obras cantadas por el poeta. Su oscura labor logró para la grandeza de Roma tanto como las guerras y las deliberaciones del Senado. (…) Basada en una atención escrupulosa, prudencia, tenacidad y energía la vida campesina fue formando la aristocracia del porvenir, destinada a ocupar, en la ciudad y en el Imperio, el lugar que la vieja nobleza había dejado vacío”[3].

Virgilio y los bucólicos rosaristas

En hoja de cortesía, se lee una dedicatoria manuscrita a Monseñor Rafael M. Carrasquilla, otrora Rector de este Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario: “A mi querido maestro el Dr. Rafael María Carrasquilla, su más agradecido discípulo. Ciro Molina Garcés. Bogotá, octubre de 1914”. En primeras páginas se repite un mismo sello de tinta: Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Biblioteca.

 

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Ciro Molina (Cali, 1891-1953), graduado Doctor en Filosofía y Letras por este Colegio (1914). Frecuentaba la tertulia de López de Mesa, los Lozanos, Eduardo Caballero, Gerardo Arrubla y Darío Echandía.
Su tesis de grado, De re metrica, trató sobre la versificación del poeta Valencia, puede leerse en la revista de la Universidad, n.os 93-4. Si bien se esperaba que se dedicara a sus intereses profesionales y estéticos, en unión de un hermano se dedicó a las labores del campo en la hacienda paterna El Hatico, jurisdicción del municipio de El Cerrito.
En una nota de protesta, Molina hace gala de la elocuencia aprendida entre los clásicos:
“Hijo del campo, me liga a la tierra una herencia sagrada y, sólo obligado por la presencia del peligro de mi gremio, renuncié a la tranquila paz del labriego, para entrar a la vida pública ajena a mis sentimientos y reñida con mi carácter”[4].
Los Molinas fueron actores notables en el desarrollo del Valle del Cauca, y así se les reconoce.

 

Jaime Restrepo Z., Elkin Saboyá R.,

Archivo Histórico.

 

[1] De Cicerone contra oratores atticos disputante, thesim Facultati litterarum parisiensi proponebat H. Lantoine. Parisiis: apud E. Thorin, 1874. Otras obras filológicas: Lucrèce, De la nature des choses, Ve livre: analyse littéraire. Paris: Hachette, 1884 (con Benoist y H. Patin). Histoire littéraire. Leçons de littérature latine (con R. Lallier). Paris: G. Masson, 1888. Epitome historiae graecae; texte entièrement nouveau. Paris: A. Colin et cie. [1890]. Enseignement secondaire classique. Guide pratique du candidat au baccalauréat. Paris: A. Colin, 1892. De rerum natura, liber I (1-550); texte latin, publié d’après les travaux les plus récents de la philologie (…). Paris: Hachette, 1892.Cicéron (extraits), avec une introduction, des analyses et des notes. Paris: G. Masson, (1895). Leçons de littérature latine. Paris: Masson, [ca 1895]. Pages et pensées morales extraites des auteurs latins, recueillies et annotées par H. Lantoine. Paris: A. Colin, 1898. Études sur l’antiquité. Paris: Hachette, 1913. De rerum natura: liber V texte latin. Paris: Hachette, 1933. César, Salluste, Tite-Live, Tacite. Paris: Masson, (s. d.). Virgile (extraits) avec une introduction. Paris: G. Masson [n.d.].

[2] Caro, Víctor E. Obras completas de Don Miguel Antonio Caro. Tomo II. Estudios Literarios. Primera Serie. Artículo Virgilio. Pág. 239.

[3] Grenier, Albert. El genio romano en la religión, el pensamiento y el arte. México: UTEHA, 1961. Pág. 280.

[4] Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Carlos Dávila (Compilador). Bogotá: Cepal, Norma, Uniandes, 2003. P. 1190 ss.

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