La destrucción de Cartago y la Rebelión de los Comuneros: mitos clásicos en la historia colombiana

Por Alberto José Campillo Pardo

¿Y el incesante Ródano y el lago,
todo ese ayer sobre el cual hoy me inclino?
Tan perdido estará como Cartago
que con fuego y con sal borró el latino.25

Uno de los episodios más sonados de la historia nacional colombiana es el apresamiento y posterior ejecución del líder comunero José Antonio Galán por parte de las autoridades españolas. Corría el año de 1781 y en España el rey Borbón Carlos III estableció una serie de reformas administrativas y económicas para sus colonias de ultramar, con el fin de contrarrestar la ineficiencia administrativa que había caracterizado los últimos años de la monarquía Habsburgo y así corregir las fugas fiscales mediante el aumento de impuestos y el retiro de privilegios administrativos a los criollos, poniendo la economía directamente bajo la mano férrea de la Corona.1

Como era de esperarse, estas medidas no sentaron nada bien a las élites criollas del Virreinato de la Nueva Granada, quienes enfurecidas por la entrada en vigencia de estas nuevas disposiciones, en acto de público desacato, rasgaron los carteles de proclamación de los nuevos impuestos sobre los estancos de tabaco y el aguardiente. En un hecho sin precedentes, reunieron una fuerza sublevada de unos 15.000 hombres, en su mayoría campesinos e indígenas descontentos con la corona, e iniciaron una marcha desde la provincia del Socorro, en Santander, al norte del Virreinato, cuyo destino era la capital, Santafé.2A pesar de las buenas intenciones y su considerable número, esta rebelión de los Comuneros3 terminó con unas capitulaciones que, aunque parecían favorables a los revolucionarios, fueron objeto de perjurio por parte de las autoridades de Santafé y posteriormente fueron derogadas por el Virrey español.

José Antonio Galán. (tomada de: somoslarevista.com )

José Antonio Galán. (tomada de: somoslarevista.com )

Sin embargo, uno de los líderes de la revuelta, José Antonio Galán, separándose del grueso de los sublevados, se lanzó al galope a través del Virreinato encendiendo los ánimos de los sectores más oprimidos de la sociedad: indígenas, esclavos negros y campesinos principalmente. De tal manera, desató una verdadera revuelta nacional.4 No obstante, esta empresa también terminó en el desastre para los rebeldes, pues Galán, traicionado por sus compañeros, fue apresado y condenado de la siguiente manera:

Condenamos -decía el fallo- a José Antonio Galán a que sea sacado de la cárcel, arrastrado y llevado al lugar del suplicio donde sea puesto en la horca hasta que naturalmente muera, que bajado se le corte la cabeza, se divida su cuerpo en cuatro partes y pasado el resto por las llamas (para lo que se encenderá una hoguera delante del patíbulo), su cabeza será conducida a las Guaduas, teatro de sus escandalosos insultos: la mano derecha puesta en la plaza del Socorro; la izquierda en la Villa de San Gil; el pie derecho en Charalá, lugar de su nacimiento; y el pie izquierdo en el lugar de Mogotes: declarada por infame su descendencia, ocupados todos sus bienes y aplicados al real fisco; asolada su casa y sembrada de sal, para que de esta manera se dé al olvido su infame nombre y acabe con tal vil persona, tan detestable memoria, sin que quede otra que del odio y espanto que inspira la fealdad del delito”5 

La última parte de la condena, referente a la siembra de sal de la casa del acusado para que se olvide su nombre, es realmente curiosa pues nos remonta a castigos de épocas antiguas. Sin embargo, es aún más peculiar la anotación que hace al respecto el historiador David Bushnell en su libro Colombia, una nación a pesar de sí misma, donde refiriéndose a lo anterior afirma:

El cuerpo de Galán fue descuartizado y sus partes se exhibieron en diferentes poblaciones. Su casa fue arrasada y en el suelo se esparció sal, como hicieran los romanos a la caída de Cartago6

Esta última frase llama nuestra atención, pues ninguna fuente clásica menciona que los ejércitos de Escipión Emiliano sembraran con sal el suelo cartaginés tras la destrucción de esta ciudad en la Tercera Guerra Púnica que concluyó en el año 146 a.C. 

"Colombia, una nación a pesar de si misma" de David Bushnell

«Colombia, una nación a pesar de si misma» de David Bushnell

Sobre este punto, R.T. Ridley refutó ya en los años 1980 la tesis de que el suelo de la ciudad de Cartago fue rociado con sal tras su derrota frente a los romanos como símbolo de “su total destrucción y tal vez como un modo de asegurar la infertilidad del suelo…”7. Ridley argumenta que este hecho no aparece referenciado por ninguno de los historiadores clásicos, como se verá a continuación.

En su “Historia de Roma”, en el libro 51, Tito Livio menciona la destrucción de Cartago de la siguiente forma:

Cn. Cornelio L. Mummio coss. per Scipionem Carthago expugnata et direpta. Qui cum etiam arcem inflammavisset, uxor Hasdrubalis se ipsa cum duobus filiis in medium iecit incendium, in potestaem victoris veniret. Scipio exemplo Aemili, a quo Perseus victus era, ludos fecit.

En el consulado de Gnaeo Cornelio y Lucio Mummio, Cartago fue tomada y saqueada por Escipión. Cuando este incendió la ciudad, la esposa de Hasdrúbal se lanzó junto con sus dos hijos dentro de las llamas, para no caer en manos del conquistador. Escipión continuó con el precedente fijado por Emiliano, el conquistador de Perseo, ofreciendo juegos”.8

Como se puede ver, en la cita no existe ninguna referencia a la siembra con sal del suelo cartaginés, haciendo simplemente alusión a la destrucción y el saqueo de la ciudad. Sin embargo este no es el único ejemplo de este hecho.

Tito Livio "Ab Urbe Conditia" Edición de 1573 del Archivo Histórico UR

Tito Livio «Ab Urbe Conditia» Edición de 1573 del Archivo Histórico UR

 También Apiano, en su libro “Las Guerras Púnicas”, incluido dentro de su Historia Romana, cuenta lo siguiente:

Σκιπίωνδ᾽,ἐπεὶ κατέσκαπτο Καρχηδών, ἐπὶ μέν τινα ἡμερῶν ἀριθμὸνἐπέτρεψε τῇ στρατιᾷ διαρπάζειν ὅσα μὴ χρυσὸς ἢ ἄργυρος ἢ ἀναθήματα ἦν, μετὰ δὲ τοῦτ᾽ ἀριστεῖα πολλὰ διαδοὺς ἅπασι, χωρὶς τῶν ἐς τὸ Ἀπολλώνιον ἁμαρτόντων, ναῦν ὀξυτάτηνκοσμήσας λαφύροις ἄγγελον τῆς νίκης ἔστειλεν ἐς Ῥώμην, ἐς δὲ Σικελίαν περιέπεμπεν, ὅσα Καρχηδόνιοι σφῶν ἀναθήματα κοινὰπολεμοῦντες ἔλαβον, ἐλθόντας ἐπιγιγνώσκειν καὶ κομίζεσθαι: ὃκαὶ μάλιστα αὐτὸν ἐδημαγώγησεν ὡς μετὰ τοῦ δυνατοῦφιλάνθρωπον. ἀποδόμενος δὲ τὴν λείαν τὴν περισσήν, ὅπλα καὶμηχανήματα καὶ ναῦς ἀχρήστους Ἄρει καὶ Ἀθηνᾷ διαζωσάμενοςαὐτὸς ἔκαιε κατὰ τὰ πάτρια.

Siendo destruido Cartago, Escipión dio a los soldados cierto número de días para saquear, reservando el oro, la plata y ofrendas de los templos. También repartió numerosos premios entre quienes se habían distinguido en por su valentía, expetuando a aquellos que habían violado el santuario de Apolo. Él envió un barco rápido, adornado con el botín, a Roma para anunciar la victoria. También envió mensajes a Sicilia para que pudieran recuperar cualquier ofrenda de los templos identificada como robada por los Cartaginenses in antiguas guerras. Así se hizo querer del pueblo por ser aquel que unió la clemencia con el poder. El resto del botín lo vendió, y, a modo de sacrificio, quemó las armas, máquinas de asedio y barcos averiados como ofrenda a Marte y Minerva, de acuerdo a la costumbre romana.”9

El anterior es sólo un fragmento del total del texto de Apiano sobre la destrucción de Cartago (Pun.122-135) que ilustra incluso los rituales y sacrificios religiosos llevados a cabo por los romanos, sin nombrar en ningún momento la siembra del suelo con sal, como símbolo de su total destrucción.

Estatuas y obras de arte llevadas a Roma. En: Plutarch's Lives. 1881, copia disponible en el Archivo Histórico UR.

Estatuas y obras de arte llevadas a Roma. En: Plutarch’s Lives. 1881, copia disponible en el Archivo Histórico UR.

De la misma manera, Estrabón en su Geografía nos habla de este hecho así:

γένοιτο δ᾽ ἂν εὔδηλος ἡ δύναμις αὐτῶν ἐκ τοῦ ὑστάτου πολέμου, ἐν ᾧ κατελύθησαν ὑπὸ Σκιπίωνος τοῦ Αἰμιλιανοῦ, καὶ ἡ πόλις ἄρδην ἠφανίσθη… τοιαύτη δ’ οὖσα Καρχηδὼν ὅμως ἑάλω καὶ κατεσκάφη. 

Su poderío (el de los cartaginenses) quedó claramente en evidencia durante la última guerra (Púnica), en la cual fueron derrotados por Escipión Emiliano y su ciudad fue completamente erradicada (…) (y) a pesar de que Cartago contaba con numerosos recursos, aún así fue capturada y arrasada hasta los cimientos” 10

En el caso de Estrabón hay una mención detallada de los recursos militares y económicos de Cartago durante la guerra, pero ninguna referencia a la sal supuestamente esparcida sobre sus suelos.

Por su parte, Cicerón menciona la destrucción de Cartago “una docena de veces en sus cartas y discursos y media docena en sus trabajos filosóficos”,11 pero en ninguna ocasión se refiere al ejército de Escipión sembrando sal sobre el suelo cartaginés. Claro ejemplo de esto está en su discurso “Sobre la ley agraria”, cuando al atacar a la comisión de tierras afirma:

… tum (vero) ipsam veterem Carthaginem vendunt, quam P. Africanus nudatam tectis ac moenibus sive ad notandam Carthaginesium calamitatem sive ad testificandam nostram victoriam sive oblata aliqua religione ad aeternam hominum memoriam consecravit.

… después ellos venden a la antigua Cartago, la cual fue consagrada por Publio Africano a ser recordada eternamente, despojada de sus edificios y murallas, ya fuera para marcar el desastre de los Cartaginenses, o como evidencia de nuestra victoria, o después de ordenar una ceremonia religiosa” 12

Este ejemplo es verdaderamente ilustrativo, pues nos habla de la consagración de la antigua Cartago hecha por Escipión para que su derrota fuera recordada eternamente, pero en ningún momento habla de la sal como parte de este rito. Teniendo en cuenta el carácter de jurista minucioso de Cicerón, es poco probable que hubiese pasado por alto un elemento de esta importancia.

Publio Cornelio Escipión Emiliano, conquistador de Cartago (tomado de: http://commons.wikimedia.org/)

Publio Cornelio Escipión Emiliano, conquistador de Cartago (tomado de: http://commons.wikimedia.org/)

Por su parte Floro, en sus Epítomes de la Historia de Roma, también se refiere al episodio de la esposa de Hasdrúbal mencionada anteriormente, y sobre la destrucción de la ciudad escribe lo siguiente:

Quanta urbs deleta sit, ut de ceteris taceam, de ignis mora probari potest. Quippe per continuos decem et septem dies vix potuit incendium extingui quo domibus ac templis suis sponte hostes inmiserant; ut, quatenus urbs eripi Romanis non poterat, triunphus arderet.

Cuan poderosa era la ciudad que fue destruida (Cartago) se demuestra, por nombrar solamente un hecho, con la extensa duración del incendio; ya que fue solamente después de diecisiete días de esfuerzo continuo que las llamas fueron apagadas con mucha dificultad, las cuales fueron encendidas por los propios enemigos en sus casas y templos, para que, ya que la ciudad no podía ser salvada de los romanos, el material para un Triunfo se quemara” 13

Nuevamente, en el texto de Floro no hay mención de la sal aunque el autor presenta una descripción detallada de la destrucción de la ciudad y de su incendio. Por lo tanto, sería improbable que, si hubiese ocurrido este evento, no se hubiese mencionado.

El último ejemplo que tomaremos aquí es el caso de Macrobio, el cual en el libro tercero de su Saturnalia nos habla del hechizo utilizado para invocar a los dioses patrones de una ciudad fuera de ésta, cuando se estaba llevando a cabo un sitio, con el fin de poderla tomar. Para esta fórmula Macrobio usa como ejemplo a Cartago de la siguiente forma:

si deus, si dea est, cui populus civitasque Carthaginiensis est in tutela, teque maxime, ille qui urbis huius populique tutelam recepisti, precor venerorque veniamquea vobis peto tu vos populum civitatemque Carthaginiensem deseratis, loca templa sacra urbemque eorum relinquatis, absque his abeatis. Eique populo civitatique metum formidinem oblivionem iniciatis, propitiique Romam ad me meosque veniatis, nostraque vobis loca templa sacra urbs acceptior probatiorque sit, mihique populoque Romano militibusque meis propitii sitis. Si -haec- ita feceritis tu sciamus intellegamusque, voveo vobis templa ludosque facturum.

Yo llamo a aquel bajo cuya protección están el pueblo y la comunidad de Cartago, así sea un dios o una diosa, y a vosotros sobre todo, que habéis tomado bajo su protección esta ciudad y sus habitantes, y os solicito vuestro favor: pueda ser que vosotros abandonéis a al pueblo y la comunidad de Cartago, dejando sus lugares sagrados, templos y ciudad, y partáis lejos de ellos, y que dentro de este pueblo y esta comunidad se acumulen el miedo, el temor y el olvido; y vengáis a Roma, a mí y a mi gente, con espíritu generoso, y pueda que nuestros lugares sagrados, templos y ciudad sean más aceptables y aprobados a vuestros ojos, y pueda que estéis bien dispuestos hacia mí y hacia el pueblo Romano de mi ejército. Si vosotros hacéis estas cosas de forma que nosotros las entendamos, yo juro que construiré templos y celebraré juegos en vuestro honor.” 14

 En este texto, más que en ninguno de otro autor clásico, se detallan los ritos y costumbres usados por los romanos al asediar una ciudad, pero ninguno de ellos consta de sembrar el suelo con sal o algo que se le asemeje. Ridley cita a otros autores que tratan el tema de la destrucción de Cartago como Diodoro (32. 4. 5, 32. 14. 1, 32. 26. 2), el cronista bizantino Zonaras en su descripción de la Tercera Guerra Púnica (9. 26 – 39), Salustio (Cat. 10. 1) y Cornelio Graco (10 – 11) entre otros.15 En ninguna de sus obras se toca el tema de la sal.

 En este punto cabe preguntarse: ¿de dónde viene entonces la noción, por demás ampliamente difundida, de que los romanos sembraron con sal el suelo cartaginés tras la destrucción de la ciudad? Y ¿por qué un historiador de la talla de Bushnell cae en el error de comparar la siembra de sal de la casa de Galán con la que supuestamente se llevó en Cartago?

Ruinas de Cartago, en el actual Tunez. (tomado de: www.clubviaje.com)

Ruinas de Cartago, en el actual Túnez. (tomado de: http://www.clubviaje.com)

 Ridley propone que esta costumbre, a pesar de no ser nombrada por los clásicos, era una práctica común entre los pueblos del Oriente cercano.

Tenemos una serie de escritos Judíos, Hititas y Asirios, de un periodo que abarcó aproximadamente un milenio y medio, donde se describe la siembra de una serie de minerales y plantas sobre el sitio que ocupaba una ciudad o una tierra destruida, donde en un solo caso fue sal (Siquem) y en otro sal y alguna clase de planta (Elam). El denominador común que une todas estas instancias es el deseo de declarar el sitio inhabitable.”16

Así en la Biblia, en el libro de los Jueces (9:45), se narra la toma de Siquem por parte de Abimelec, hijo del juez Gedeón y pretendiente al trono de Israel, donde se cuenta lo que sucedió de la siguiente forma:

Y peleó Abimelec contra la ciudad todo aquel día, capturó la ciudad y mató a la gente que había en ella; entonces arrasó la ciudad y la sembró de sal”.17

El objetivo de Abimelec era que nadie volviese a habitar Siquem. Teniendo en cuenta que el objetivo de los romanos era que Cartago dejase de ser una ciudad, es posible causa que en algún punto se haya asociado el uso de la siembra de sal a la destrucción de esta ciudad.

Muerte de Abimelec, hijo de Gedeón.

Muerte de Abimelec, hijo de Gedeón.

Como lo demuestra la anterior cita de Macrobio, los rituales llevados a cabo en Cartago para este fin fueron invocaciones religiosas. Por otro lado, S.S. Stevens ilustra cómo Modesto, un jurista del siglo III d.C. “cuyas opiniones legales fueron citadas en el Digesto (7. 4. 21), usa específicamente a Cartago como ejemplo de una ciudad privada de usufructo mediante el arado de su suelo:”

si usus fructus civitati legetur et aratrum in ea inducatur, civitas esse desinit, ut passa est Carthago, ideoque quasi morte desinit habere usum fructum.

 Si se quita el usufructo a la ciudad y se le pasa el arado, la ciudad deja de serlo, como le sucedió a Cartago, por lo tanto deja de tener usufructo como si hubiera muerto.”18

Los textos de Macrobio y de Modesto dejan en evidencia que los romanos procedían a “hechizar” o a arar el suelo de una ciudad que deseaban destruir de manera permanente. En cuanto a la supuesta práctica romana de regar sal sobre una ciudad hostil destruida, es posible que la afirmación haya surgido primero en las obras de historiadores subsecuentes al período romano. De hecho, como lo ilustra B.H. Warmington, en la Alta Edad Media se encuentra la que tal vez es la primera referencia a la supuesta siembra de sal en Cartago, cuando una bula del Papa Bonifacio VIII describe la toma de la fortaleza de Palestrina:

En 1299 el Papa Bonifacio VIII se encontraba en los últimos momentos de su cruzada contra la Familia Colonna, de quienes Palestrina (antigua Praeneste) era su última plaza fuerte. La ciudad se rindió, sin embargo fue destruida y como Bonifacio dice en una bula papal, ipsam … aratro subjici ad veteris instar Carthaginis Africanae, ac salem in ea etiam fecimus seminari ut nec rem nec nomen aut titulum habeat civitatis.”19 (Y la sometí al arado como a la antigua Cartago de África, y también hicimos sembrar sal en ella para que no tenga ni la entidad ni el título de ciudad.)

Bonifacio VIII. Grabado del "Bullarium Romanum" 1638. Copia disponible en el Archivo Histórico UR.

Bonifacio VIII. Grabado del «Bullarium Romanum» 1638. Copia disponible en el Archivo Histórico UR.

 Tanto Bonifacio VIII, un estudioso del Derecho, como Modesto en el Digesto se refieren a la pérdida del estatus de “ciudad” (civitas) de una urbe destruida: Modesto con la expresión civitas esse desinit y Bonifacio con nec nomen aut titulum habeat civitatis. Es posible, por lo tanto, que Bonifacio, al sugerir que esparcir sal sobre un territorio es una manera simbólica de demostrar que este nunca debe volver a ser habitado, haya fusionado la tradición romana y aquella Bíblica oriental; según la primera, ciertos rituales son llevados acabo para que una ciudad conquistada pierda su nombre y su estatus de “ciudad” y por ende tampoco vuelva a ser habitada; en la segunda, existe la práctica del esparcimiento de sal sobre una ciudad devastada. Como escribe B.H. Warmingon: 

Seguramente, la autoridad del jurista del siglo III (Modesto) no puede ser tenida en cuenta por su alto detalle histórico, pero debió ser la fuente seguida por Bonifacio, conocido por ser un hombre culto y específicamente por ser un experto en Derecho Romano.”20

Comentario de Bonifacio VIII sobre temas jurídicos. En: "Clarissimi Juris utriusque monarche interpretisque profundissimi Dni.Dnici. de sancto geminiano lectura super sexto libro decretalium : cum apostillis clarissimorum virorum Bernardini ex capitaneis de Landriano. Joanis quoque de gradibus et postremo Celsi Hugo … Eiusdemque Celsi singularium materiarum índice sive repertorio ad numeros qui cum materiarum varietatem innovantur et folia remittente huicusque antea opera nusquam adhibito." 1541. Copia disponible en el Archivo Histórico UR.

Comentario de Bonifacio VIII sobre temas jurídicos. En: «Clarissimi Juris utriusque monarche interpretisque profundissimi Dni.Dnici. de sancto geminiano lectura super sexto libro decretalium : cum apostillis clarissimorum virorum Bernardini ex capitaneis de Landriano. Joanis quoque de gradibus et postremo Celsi Hugo … Eiusdemque Celsi singularium materiarum índice sive repertorio ad numeros qui cum materiarum varietatem innovantur et folia remittente huicusque antea opera nusquam adhibito.» 1541. Copia disponible en el Archivo Histórico UR.

Las afirmaciones de Bonifacio VIII terminarían influenciando a los historiadores modernos. De hecho, la conquista de Palestrina, así como su siembra con sal y su referencia a Cartago, están incluidas en la obra del historiador alemán Ferdinand Gregorovius (1821 – 1891), un experto en el período medieval romano cuya obra fue ampliamente leída durante el siglo XIX. De esta manera se puede explicar la mención de la siembra de sal de Cartago por B. Hallaward en su aporte en la obra Cambridge Ancient History21. Warmington escribe lo siguiente al respecto:

Las acciones de Bonifacio son extensamente narradas en el libro de Gregorovius “Rome in the Middle Ages” (vol. 5.2 [London, 1900], pp. 551-56 en la traducción inglesa), un libro que sin lugar a dudas fue mucho más leído hace cincuenta años que hoy en día. Es posible que Hallaward leyese este trabajo y recordara este pasaje cuando escribió su trabajo en la Cambridge Ancient History; conscientemente o inconscientemente él debió asociar el arado del sitio, que efectivamente ocurrió (si le creemos a Modesto), con la siembra de sal, que no ocurrió.”22

Ahora bien, el hecho de que B. Hallaward hubiese incluido este aspecto como un hecho probado en un trabajo tan prestigioso como The Cambridge Ancient History23 influenció a una serie de escritores. Tal como afirma Ridley:

A partir de este momento (la publicación del trabajo de B. Hallward) la historia (de la siembra de sal de Cartago) puede ser rastreada paso a paso. Siguiendo a Hallaward vinieron H. Schullard, G. Walter, G. Picard, B. Warmington, S. Raven, G. Herm y S. Tlatli.”24

Al ser estos autores historiadores de renombre y de escuelas de la talla de Oxford y Cambridge, es comprensible que sus obras hayan sido leídas por autores americanos. Jorge Luis Borges, en su poema Límites, incluye la siguiente estrofa:

¿Y el incesante Ródano y el lago,
todo ese ayer sobre el cual hoy me inclino?
Tan perdido estará como Cartago
que con fuego y con sal borró el latino.
25

Por su parte, Bushnell, quien se formó en Historia en la Universidad de Harvard, ha podido tener contacto con la literatura británica que menciona el episodio de la sal dispersada sobre el suelo cartaginés. Al encontrarse con el episodio de la siembra de sal de la casa de José Antonio Galán durante sus estudios de la historia de Colombia, Bushnell aparentemente hizo una asociación, de manera consciente o inconsciente, con el episodio de Cartago tratado en este texto. Esto sucedió a pesar de que la discusión sobre la veracidad de esta afirmación es anterior a la publicación del libro de Bushnell, quien, al ser experto en un campo de la historia completamente diferente, posiblemente no la conocía. 

Jorge Luis Borges, 1982 Fuente:Archivo de la Nación Argentina Fotografía de: Sara Facio (tomado de: http://commons.wikimedia.org/)

Jorge Luis Borges, 1982
Fuente: Archivo de la Nación Argentina
Fotografía de: Sara Facio (tomado de: http://commons.wikimedia.org/)

1 A.P. Ortiz Rodriguez. Reformas Borbónicas: Mutis, catedrático, discípulos y corrientes ilustradas (1750-1816). Centro Editorial Rosarista. Bogotá, 2003. 6-12.

2 E. Caballero. Incienso y pólvora: comuneros y precursores. Editorial Pluma. Bogotá, 1980. 91 -102.

3 Nombre que se daban a sí mismos los sublevados haciendo alusión a su origen común, para distanciarse de la nobleza española.

4 Caballero, 127-133.

5 “Sentencia de Muerte contra los Capitanes Comuneros Galán, Ortiz, Molina Y Alcantuz”, en: Lievano Aguirre, I. Los Grandes Conflictos Sociales y Económicos de Nuestra Historia. Editorial Intermedio. Bogotá, 2002. p. 433.

6 D. Bushnell. Colombia, una nación a pesar de sí misma. De los tiempos precolombinos a nuestros días: Bogotá, 1996. 57

7 R.T. Ridley. “To be Taken with a Pinch of Salt: The Destruction of Carthage,” en Classical Philology 81, No. 2. (1986). 140-146. 140.

8 Tito Livio, LI.

9 Apiano, pun. 133.

10 Estrabón. 17. 3. 15.

11 Ridley, 141.

12 Cicerón. Leg. Agr. 1. 5

13 Floro. I. 31.

14 Macrobio. III. 9. 7-8.

15 Ridley, 141.

16 Ridley, 145.

17 Libro de Los Jueces, 9:45.

18 S.S. Stevens. “A Legend of the Destruction of Carthage,” en Classical Philology 83, No. 1. (1988). 39-41. 40

19 B.H. Warmington. “The Destruction of Carthage: A Retractatio,” en Classical Philology 83, No. 4 (1988). 308-310. 309

20 Warmington, 309.

21 Warmington, 310.

22 Warmington, 310.

23 Hallaward escribió sobre la destrucción de Cartago lo siguiente: “Buildings and walls were razed to the ground; the plough passed over the site, and salt was sown in the furrows made.” Cambridge Ancient History VIII (1954), 484

24 Ridley, 144.

25 J.L. Borges. Obras Completas: Buenos Aires, 1974.   

Bibliografía:

 

  • D. Bushnell. Colombia, una nación a pesar de sí misma. De los tiempos precolombinos a nuestros días: Bogotá, 1996
  • I. Lievano Aguirre. Los Grandes Conflictos Sociales y Económicos de Nuestra Historia: Bogotá, 2002.
  • A.P. Ortiz Rodriguez. Reformas Borbónicas: Mutis, catedrático, discípulos y corrientes ilustradas (1750-1816): Bogotá, 2003
  • E. Caballero. Incienso y pólvora: comuneros y precursores. Bogotá, 1980
  • J.L. Borges. Obras Completas: Buenos Aires, 1974.
  • B.H. Warmington. “The Destruction of Carthage: A Retractatio”, en Classical Philology 83, No. 4 (1988). 308-310 
  • R.T. Ridley. “To be Taken with a Pinch of Salt: The Destruction of Carthage”, en Classical Philology 81, No. 2 (1986). 140-146
  • S.S. Stevens. “A Legend of the Destruction of Carthage”, en Classical Philology 83, No. 1 (1988). 39-41

  

Fuentes primarias

  • Appian. (in four volumes) (with an English translation by White, H. / Loeb Classical Library) Cambridge, Cambridge, Mass., 1912
  • Cicero. (in twenty-nine volumes) (with an English translation by Freese, J.H / Loeb Cassical Library) Cambridge, Mass., 1930
  • Florus. (with an English translation by Forster, E.S. / Loeb Cassical Library). Cambridge, Mass., 1984
  • Livy. (in fourteen volumes) (with an English translation by Schlesinger, A. – General index by Geer, R.M. / Loeb Cassical Library). Cambridge, Mass., 1967
  • Macrobius. (with an English translation by Kaster, R.A. / Loeb Cassical Library). Cambridge, Mass., 2011
  • Strabo. (with an English translation by Jones, H.L. / Loeb Cassical Library). Cambridge, Massa., 1949

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