Los clásicos como educación política

Las campañas de César en Galia. Imagen: Caesar_campaigns_gaul-fr.svg

Las campañas de César en Galia.

¿Vale la pena que los políticos conozcan la historia de Atenas clásica y del Imperio Romano en la era del  Iphone y del Blackberry?

          Por qué sigue siendo indispensable estudiar los clásicos 

Años después de haberle brindado a Napoleón su derrota final, el Duque de Wellington dijo que “la Batalla de Waterloo se había ganado en los campos de Eton.” Su punto fue que la educación brindada a la clase dirigente británica en los colegios élite (public schools) como Eton preparaba a un hombre para enfrentar exitosamente los más grandes desafíos.

Una parte esencial de esta educación era el aprendizaje de los idiomas clásicos, el griego y, especialmente, el latín. Dada la compleja estructura del latín, el proceso de dominar esta lengua se consideraba un ejercicio mental formidable y una excelente preparación para cualquier carrera. Sin embargo, por la naturaleza de los textos escritos por autores como Julio César, Cicerón y Tácito, hombres con experiencia propia en el mundo de la política y de la guerra, el estudio de los clásicos se consideraba una educación excelente para los futuros políticos, estadistas y oficiales.

Uno de los miles de hombres de estado educados de esta manera fue Winston Churchill, quien, pese a no haber sobresalido por su dominio de los idiomas antiguos, reconocía el valor de los clásicos y usaba frecuentemente frases en latín. Por ejemplo, durante un discurso que pronunció en 1947 promoviendo la idea de la unidad europea dijo que quería ver el día cuando “los hombres estén tan orgullosos al decir ‘soy un europeo’ como una vez dijeron ‘Civis Romanus sum.’”

“Políticos de primer nivel en Europa como Boris Johnson, alcalde de Londres, fueron educados bajo el modelo clásico.”

Pero la tradición de estadistas educados a punta de textos en latín solo se mantuvo hasta los 1920’s, cuando la Universidad de Oxford introdujo su programa de Política, Filosofía y Economía (PPE, en ese entonces llamado Modern Greats), un curso de estudio basado en las ciencias sociales modernas que llegaría a producir el mayor número de políticos exitosos. Hoy en día, el Primer Ministro David Cameron, ex alumno de Eton, y siete miembros de su gobierno al igual que el líder de la oposición laborista estudiaron PPE en Oxford.

Con tal preponderancia de graduados de PPE en las altas esferas del poder, uno pensaría que el método moderno de educar a la élite política ha eclipsado del todo a los clásicos. Sin embargo, políticos de primer nivel en Europa como Boris Johnson, alcalde de Londres, fueron educados bajo el modelo clásico e inclusive hoy leen textos en latín o en griego.

La pregunta que surge, por lo tanto, es si el estudio de los clásicos sigue siendo relevante para la vida política actual, y si es necesario o útil implementar el estudio de Atenas y de Roma en las escuelas de gobierno.

A primera vista, no parecería que ofrecer cursos acerca de la historia de Atenas clásica o del Imperio Romano pudiera ser relevante dentro de una institución dedicada a formar a los líderes del sector público en la era del Iphone y del Blackberry. Sin embargo, yo estoy convencido que el estudio de los clásicos, llevado a cabo de la manera correcta, puede ser extremadamente enriquecedor e inclusive eficaz para estudiantes de la política moderna.

Portada del libro de los Comentarios a los Fastos de Carlo Napoli y Barrese del año 1639.

Portada del libro de los Comentarios a los Fastos, de Carlo Napoli y Barrese del año 1639.

Para citar algunos ejemplos, en escuelas de gobierno de primer nivel como SAIS de la Universidad de Johns Hopkins, todavía se ofrecen cursos dedicados a estudiar el texto del autor ateniense Tucídides acerca de la Guerra del Peloponeso, la cual enfrentó a Esparta, un poder basado en la infantería, con Atenas, un imperio naval, durante el siglo quinto A.C. La razón por la cual todavía se estudia este conflicto es que el relato de Tucídides, el fundador de la escuela del realismo, forma el verdadero principio del estudio sistemático de la guerra y de las relaciones internacionales.

Tucídides nos presenta una serie de dilemas que enfrentaron líderes como Perícles que, en esencia, son los mismos dilemas que enfrentan los estadistas modernos. Para Tucídides, los estados no solo actúan en base a motivaciones comerciales o lucrativas, sino también en base a instintos básicos de la naturaleza humana como el honor y el orgullo. Dos mil quinientos años después, al presenciar la tensión reciente entre Colombia y sus vecinos, podemos concluir que el análisis de Tucídides acerca de la naturaleza del hombre fue más que todo acertada.

(Este es un artículo acerca de la importancia de estudiar los clásicos escrito por Jakob Grygiel, profesor de Relaciones Internacionales en Johns Hopkins).

Cicerón denuncia a Catilina.Pintura realizada por el pintor italiano Cesare Maccari

Cicerón denuncia a Catilina, por el pintor italiano Cesare Maccari, actualmente en el Palacio de Madama, en la ciudad de Roma.

En el caso de Roma, Edward Luttwak, experto en geopolítica del Center for Strategic and International Studies de Washington y ex asesor del Pentágono, escribe que “una investigación del arte de la estrategia del Imperio Romano” escasamente requiere una justificación. Según Luttwak, “los logros de Roma en el campo de la Gran Estrategia no han sido igualados; inclusive dos milenios de cambio tecnológico no han invalidado sus lecciones.”

“El estudio de los clásicos, llevado a cabo de la manera correcta, puede ser extremadamente enriquecedor e inclusive eficaz para estudiantes de la política moderna.”

En efecto, todavía hoy vale la pena hacerse la pregunta que formuló el historiador Polibio en el segundo siglo A.C: “¿quién no quisiera descubrir con qué métodos y bajo cuál sistema de gobierno pudieron los romanos conquistar el mundo conocido entero en menos de 53 años, un logro único en la historia?”

El hecho es que, en el mismo territorio europeo donde hombres como Luis XIV, Napoleón y Hitler fracasaron a la hora de establecer un imperio permanente, Roma forjó una unidad política y la gobernó de manera pacífica durante cientos de años. En los países donde en este momento estamos presenciando la crisis del euro, una moneda creada hace menos de diez años, la economía romana funcionó bajo una sola divisa por más de cinco siglos.

También es importante mencionar el siguiente punto: si se considera que la política es un arte más que una ciencia, sigue siendo indispensable el estudio de los textos de Tucídides, Julio Cesar, Tácito y otros autores antiguos, hombres que, a diferencia de muchos académicos modernos, fueron protagonistas principales en el campo de la política y que, en algunos casos, llegaron a dominarlo por completo.

Tal vez no es coincidencia que exitosos políticos contemporáneos como Boris Johnson, hayan estudiado meticulosamente a los clásicos, inclusive en sus lenguas originales. Esto de por sí sugiere que, mientras la naturaleza del hombre siga siendo la misma, el estudio de los clásicos le brindará importantes lecciones a cualquier individuo interesado en la política.

Por Daniel Raisbeck.

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